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He dudado mucho en si escribir esta carta o no, porque solo el hecho de hacerlo me provocaba sudores y palpitaciones. Pero al fin y al cabo aquí está para ser leída por ti. Alea iacta est.

Hemos convivido mucho tiempo juntas y te he odiado mucho. Mucho. Eras molesta, ruidosa, interferías en mi rutina diaría con tus frases hechas, con tu negatividad y tu catastrofismo. Cambiabas las cosas de sitio, escondías mis bienes preciados y te aprovechabas de mi vulnerabilidad para hacer lo que te daba la gana conmigo. No te imaginas las ganas que he sentido de que te largaras, las veces que lo he pensado, lo he sentido, pero he sido incapaz de decirlo en voz alta.

Y sí, lo siento, pero es así. Eras un grano en el culo.

Pero al mismo tiempo que te odiaba y sentía un desprecio feroz, no podía vivir sin tí. Cada vez que te ausentabas, aunque fuese un instante, mis cimientos se sentían inseguros y agrietados. Temía el momento en el que volvieras tanto como que no lo hicieras, porque me había acostumbrado a tu presencia. Y la idea renunciar a ella era tan terrible como la idea de convivir contigo.

Me hubiera gustado poder decirte que la vida es mejor sin ti. Y que, a pesar de tus males, hay mucha más paz en esta casa desde que no estas. Pero no puedo evitar echarte de menos. Y al mismo tiempo no quiero verte en pintura.

Sí, ya lo sé, te estoy culpando de no haber sido yo capaz de gestionar nuestra relación de convivencia, de no haber sido honesta conmigo misma ni contigo cuando era el momento de serlo. Porque ahora sé que todo lo que hacías era tu forma de protegerme de los peligros de este mundo. Pero que lo hicieras no hacía que el peligro desapareciese. Y tu forma peculiar de hacerlo tampoco me hacía sentir bien. Y como no te lo dije entonces, te lo digo ahora.

No te estoy pidiendo que vuelvas, solo quiero que sepas que, aunque ha sido un largo camino juntas, quiero agradecerte que estuvieras a mi lado a tu manera. Aprendí lo importante que es reconocer un maltrato y ponerle fin.

Adiós, Dasie.

Que te vaya muy bien.

Atentamente, Uma.

Por Polina Kiryanova

Me encantan los magos, los robots, los extraterrestres, los superhéroes, los hobbits y los extraños. Me releí “Harry Potter y la Piedra Filosofal” más de treinta veces cuando tenía catorce años.

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