¡Harpo habla! de Harpo Marx.

Cubierta de “¡Harpo habla!”

Título: ¡Harpo habla!

Autor: Harpo Marx.

Género: autobiografía.

Nº de páginas: depende de la edición.

Editorial: Seix Barral.

Precio: 25€

Punto de venta: lo podéis encontrar en cualquier librería. Pregunta a tu librero o librera que seguro te lo pide más que encantada.

Sinopsis.

«Ha llegado el momento para mí de echar a volar mi imaginación, tumbarme al sol, quitarme los zapatos y, por fin, hablar.»

Con estas palabras, Harpo Marx, el famoso hermano mudo, rompe su silencio en unas delirantes y conmovedoras memorias escritas con el inimitable sentido del humor de los hermanos Marx. Harpo relata en estas páginas su infancia en el Nueva York de principios de siglo, donde fue expulsado de la escuela y tuvo que aprender por sí mismo; la historia de su estrambótica familia; la precariedad de los inicios de su carrera artística, y el éxito en los años dorados de Hollywood. Una lectura inolvidable.

Biografía.

Harpo lanzando uno de sus temibles wookies.

Nació el 23 de noviembre de 1893 en la ciudad de Nueva York con el nombre de Adolph y que luego cambió por Arthur.

Todos los hermanos empezaron a actuar juntos en 1910.

En el espectáculo de los hermanos Marx, era el que interpretaba al mudo, pero de mudo no tenía nada, se inició en el mundo del espectáculo como cantante hacia 1910 en el grupo musical “Los cuatro ruiseñores” con sus hermanos Groucho y Gummo, más un cuarto cantante llamado Lou Levy. El grupo fue evolucionando con la incorporación de otros miembros familiares hasta formar una auténtica compañía de vodevil de gran éxito en los Estados Unidos.

Harpo añadió a su vestimenta una bocina, la larga gabardina y un sombrero de copa aplastado. Su carrera teatral fue gloriosa en tal sentido, persiguiendo siempre a guapas chicas rubias y posteriormente se convirtió en estrella de la pantalla junto con sus hermanos.

En otoño de 1933, realizó en solitario una gira por la Unión Soviética, país donde obtuvo también excelente acogida a pesar de ser una figura completamente desconocida en este país. En los años cuarenta se separó del grupo y decidió dedicarse a los conciertos y actuaciones en directo, actuando en diversos programas de televisión. Ya en sus últimos años actuó en un programa de Ed Sullivan.

Harpo Marx falleció el 28 de septiembre de 1964 en Hollywood.

Reseña.

¡Por fin llegó el momento! “¡Harpo habla!”. Llevaba posponiendo esta reseña varias semanas. Entre diversas colaboraciones y otras lecturas, lo iba retrasando y retrasando. Ya me dije: ¡hasta aquí! Pues a ello vamos.

Desde hace años soy muy fan de los hermanos Marx en general y de Groucho en particular. Creo que tengo todos sus libros y gran parte de sus biografías (desde la clasificada como poco fiel “¡Hola y adiós!” de Charlotte Chandler, hasta la considerada más completa “Groucho. Una biografía” de Stefan Kafner).

Como la famosa pintada que apareció en un muro durante el mayo del 68: «Je suis marxiste, tendance Groucho». Pues eso, soy grouchista.

Perdonad si desparramo un poco con esta reseña, pero los Marx son una de mis perdiciones.

La cuestión es que durante años leí y releí la obra y milagros del tercer hermano Marx. Sabía de la existencia de una autobiografía del mudo Harpo, pero no me llamaba tanto la atención. Harpo era Harpo. Es decir, era el irredento sátiro persigue rubias, lanza wookies y portador de una cubertería completa en la manga de su andrajosa gabardina. ¡Ah, sí! Y jamás dijo una sola palabra en la gran pantalla. ¿Qué podía tener que contarme que se pudiera comparar a la verborrea continúa y faltosa de su hermano pequeño?

Julius y Adolph (luego Arthur). O lo que es lo mismo: Groucho y Harpo.

¡Qué equivocado estaba! Por suerte, un día, en una de mis excursiones por la librería Ábaco de Madrid, me topé con “¡Harpo habla!” y me hice con él. (Desde aquí, mis más sentidos agradecimientos a Ábaco y otras tantas librerías de segunda mano en las que he encontrado verdaderas maravillas a unos precios sorprendentes).

Bueno. Pues fue amor a primera lectura. Porque si Harpo había estado durante tantos años callado es porque cuando abrió la boca fue para soltar un torrente de divertidas anécdotas, de sus sentimientos a flor de piel y de aventuras dignos de Alejandro el Magno.

Harpo no se centra tanto como Groucho en el mundo del vodevil, el teatro o el cine. No. El viaja a su dura infancia donde se define como un adolescente maleante de poca monta, pero con el refugio de su familia comandada por su madre Minnie y donde Frenchie, su padre, saciaba los estómagos vacíos del tropel de hermanos Marx.

Harpo nos invita a sus correrías en busca de trabajo, a sus primeros pasos a la fuerza (Minnie lo arrastró para unirse al número de sus hermanos “Los cuatro ruiseñores” y se quedó de piedra en medio del escenario) en el mundo del teatro de vodevil, a su fama que creció tras veinte años fogueándose y luchando en la carretera. A primero Broadway y después Hollywood.

Y todo ello salpimentado por dos cosas que le marcaron para siempre y donde Harpo vierte todo su sentimentalismo, emoción y apego: su arpa y la Mesa Redonda del hotel Algonquin.

El arpa y Harpo no se pueden entender separadas. En “Harpo habla” nos cuenta como le fascinó el instrumento desde niño, cuando descubrió la vieja arpa de su abuela en casa. Harpo quizás no poseyera el intelecto de Groucho o la picardía de Chico; pero, una cosa es segura, era un genio musical. Aprendió a tocar el piano prácticamente de forma autodidacta escuchando las lecciones que recibía Chico. Y, años más tarde, aprendió a tocar el arpa de igual forma (autodidacta, no escuchando las lecciones de Chico). En el libro uno se percata en seguida de lo que amaba Harpo su arpa y la música. Y en las películas solo hay que ver como cambia su gesto cuando toca. Ahí en esos minutos, no vemos a Harpo sino a Arthur Marx.

Harpo y su amada arpa.

El Algonquin fue para Harpo un refugio. Y Alexander Woolcot su protector. En el Algonquin se reunían la crema del intelectualismo neoyorkino: guionistas, escritores, críticos, artistas, intelectuales, actrices. Allí se sentaban habitualmente Woolcot, Dorothy Parker, Ruth Gordon, F.P. Adams, Robert Benchley , Marc Conelly, George S. Kaufman, Harold Ross, Alice Duer Miller, Robert E. Sherwood… y Harpo. ¿Por qué Harpo? Él mismo responde a esa pregunta en el libro:

En realidad no esperaban que hablase; eso no solo se debía a que yo representaba a un mudo bobalicón en escena y a veces también fuera de ella, sino principalmente a que yo aporté a la mesa otro tipo de talento- el único talento que le faltaba-: el de sentarse y escuchar.

Capítulo XI: el nombre es Woolcot.

Voy a ir acabando porque me extiendo más que las persianas hablando de los hermanos Marx. Y .lo haré destacando dos momentos del libro: la enternecedora relación de Harpo con su mujer Susan Fleming, con la que adoptó a sus cuatro hijos; y el capítulo de su viaje a la URSS, una descacharrante aventura en la que hizo de espía y todo.

“Harpo habla” y habla mucho. Y cuenta mucho. Y divierte y enternece mucho. Pero, sobre todo, emociona. Porque Harpo destila y suelta en estas páginas sentimientos y no se corta.

Fijaos como es la cosa que escribiendo la reseña se me ha quedado el café frío. Todo por causa de los Marx.

Chico, Harpo, Groucho y Zeppo. El quinto hermano, Gummo, jamás apareció en ninguna de las películas.

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