Entrevista a Silvia M. Díaz.

La autora Silvia M. Díaz.

Hola Silvia. Muchas gracias por sumarte a esta nueva iniciativa de entrevistas que hemos lanzado desde el blog.

Mil gracias a vosotras por crearla, siempre encantada de participar y aportar mi granito de arena a las letras.

1ª. La primera pregunta me la llevo haciendo desde que leí tu poemario. ¿Qué sucedió la noche en que nació “Respirar”? Si quieres compartirlo, claro está.

Claro que sí. De hecho, aprovecharía estas primeras líneas para romper con el estigma de la salud mental. No hay que avergonzarse de ello ni tampoco de pedir ayuda; la ayuda es fantástica, y no se es menos valiente por pedirla: a un familiar, a un amigo o a un profesional, dependiendo del momento y del caso. Yo, la noche del 18 de noviembre me derrumbé. Llevaba un tiempo sufriendo y con horas negras, como tantas otras personas sufren y como tantas otras personas luchan por dejar de sufrir. Fue una noche que comenzó temprana, como cuento en el poemario, sobre las ocho-nueve, pero en la que ya intuía que no me sería sencillo dormir. Por eso, decidí aprovechar el insomnio para sanar. Y empecé a escribir lo que sentía, sin más, en forma de versos. A veces, el dolor también inspira… y sirve para espirar. Cuando terminé de escribir, me sentí más aliviada.

2ª. La poesía como género resulta muy personal tanto a la hora de leerla como de escribirla, ¿cómo te enfrentas a ella? ¿O surge sin más?

Creo que depende de cada poeta. Habrá quien se siente y decida que quiere hablar de la luna y habrá quien la vea y sienta la necesidad ferviente de dedicarle unos versos. En mi caso, soy de la que primero siente la sensación y después la escribe y no al revés.

3ª. Mencionas a Pizarnik (a la que, por cierto, yo idolatro) en el prólogo de “Respirar”. ¿Qué significa ella para ti?

Alejandra Pizarnik es, para mí, una de las voces más sinceras de la poesía. Una mujer de armas tomar que no edulcoraba los poemas, sino que los dejaba nacer tal y como venían. Un parto natural de las letras, la materialización de lo real, sea o no sufrimiento. Para mí significó parte del proceso en “Respirar”, porque aquella tarde estuve leyéndola y me llegó a la raíz.

4ª. ¿Qué nos puedes contar sobre “Flores en la Antártida”, tu última publicación?

“Flores en la Antártida” es también una obra muy personal, aunque desde otro cariz. Es una novelette (unas 200 páginas en papel, algo menos en digital) que cuenta la historia de Olivia y que también trata el tema de la salud mental. Es una obra donde muchas personas que la han leído me han comentado que se han visto reflejadas, y eso me emociona, porque la historia de Olivia podría ser también la historia de María, de Adrien, de Juan… La historia de Olivia es una historia de búsqueda y encuentro. De la búsqueda de la librería, del amor, pero sobre todo, de la búsqueda de sí misma.

5ª. ¿Cuál es tu primer recuerdo escribiendo?

El primer (y más tierno recuerdo) que tengo escribiendo lo recordé hace muy poco. Estaba yo en la cocina y entró mi madre (una de mis musas más imprescindibles) con unos pequeños cuadernitos de folios mal doblados y grapados por la mitad. En ellos escribí varias historias sobre junglas donde los animales cantan, sobre París y sobre amores correspondidos y amistades perfectas que solo una niña de seis años podría escribir con tanta inocencia. Fue verlos y me transporté. Esos fueron mis inicios como escritora.

6ª. ¿Tienes alguna manía curiosa cuando te sientas a trabajar en algún proyecto?

No soy muy extravagante a la hora de escribir, de hecho, me meto tanto en la historia que, desde fuera, prácticamente parezco una estatua. Pero un requisito que tiene que haber sí o sí mientras escribo es la música. Y no cualquier música; una que me transmita las sensaciones que quiero que tengan mis personajes.

7ª. Pregunta difícil (o eso espero). ¿Cuál crees que es la labor de una escritora o escritor hoy en día?

Como todo, dependerá del escritor. Habrá quien escriba para divertirse, habrá quien escriba para reivindicar, habrá quien escriba para visibilizar y habrá quien escriba para luchar contra sus fantasmas. Y, para mí, todas las labores y todas las motivaciones, mientras sirvan para hacer bien, serán igual de lícitas. La única que no comprendo ni comprenderé jamás es la de escribir para lucrarse. Ahí, bajo mi punto de vista, se pierde la magia. Con esto no quiero decir que los escritores no tengamos que cobrar ni ser solventes comercialmente ni muchísimo menos, me refiero al núcleo, al porqué de escribir. Yo jamás me sentaría a escribir el próximo bestseller porque sé que es una trama que me dará dinero. Si lo escribo, será porque me ha nacido, y no porque lo pidan las masas.

8ª. Y nuestra pregunta común a todas las personas entrevistadas. Recomendaciones: un libro, una autora o autor, una canción y un viaje.

Un libro: “La lágrima del mediodía y otras aventuras de Lutven Karena”, de Luis Zurriaga. Es un libro de relatos hilados y perfectamente conseguidos que, para mí, lo tienen todo: aventuras, acción, romance, inteligencia y mucho interés.

Una autora: Raquel Sánchez Silva. La conocemos, sobre todo, por la televisión, pero a mí me embaucó con “El viento no espera”, una de las novelas que he leído este año y se han ido directas al estante de libros que quiero volver a leer algún día.

Un viaje: Segovia y Zamora. Comparto la idea de que no es necesario ir lejos para encontrar maravillas. De Segovia me gusta todo: el acueducto, las plazas, los restaurantes, la gente, el río… Además, se pueden encontrar maravillas como la casa de Antonio Machado, de obligada visita. Por otra parte, Zamora es mágica: el Duero, sus atardeceres, su calma, el Mirador de Troncoso y el callejón de los poetas… Ese es, sin duda, mi viaje cultural a repetir.

Muchísimas gracias Silvia.

Muchísimas gracias a vosotras por iniciativas tan bonitas y por invitarme. ¡Un abrazo y a seguir creando!

Aquí podéis leer nuestra reseña del poemario de Silvia “Respirar”.

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